PARADA MILITAR BICENTENARIO EJERCITO DE CHILE 2010

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BICENTENNIAL MILITARY ARMY OF CHILE 2010

REPORTAJES ESPECIALES E INFORMACIÓN ADICIONAL

miércoles, 14 de abril de 2010

BRASIL: NI CON DIOS NI CON EL DIABLO

Cristian Leyton Salas
Brasil acaba de firmar un acuerdo militar con los EE.UU. Al mismo tiempo, pero en Teherán, el Ministro brasileño de Desarrollo Industrial y Comercio, Miguel Jorge, entrega personalmente a Mahmud Ahmadineyad, una camiseta de la selección de futbol de dicho país. Un gesto vale mil palabras dirán algunos. Se podría, incluso, argumentar que un rasgo central de la nueva política exterior de Brasilia es la ambigüedad. Buscar estar bien con todos, no estar ni con Dios, ni con el Diablo, pero a la vez, facilitar la comunicación entre ambos. Una postura exterior que busca erigir a Brasil como una potencia mundial, elevarla al rango de “actor clave” en la resolución de los mayores desafíos y conflictos que afectan o podrían afectar la paz mundial en los años a venir. Hoy Brasil tiene claro su horizonte político, económico, militar y político-estratégico: erigirse en una potencia mundial
El vecindario “le quedó chico”, aunque es allí en donde podrá demostrar y mostrar su poder militar. Para ello, el modelo a seguir también ha sido definido. No es el modelo canadiense en donde sus FF.AA. han sido puestas al servicio de la ONU, luego del NORAD y ahora de la OTAN. O el modelo australiano que logró constituir a dicho país en una plataforma de proyección de poder occidental en el sudeste asiático, particularmente en el ámbito de las comunicaciones. Ambos ejemplos de potencias medianas marcados por una sumisión directa a una superpotencia como son los EE.UU. No, Brasil busca erigirse en una potencia mundial que goce de amplias capacidades de maniobra diplomática y política.
Para ello, debe instalarse estratégicamente entre los actores en conflicto. Israel/Irán, EE.UU./Irán, EE.UU/Venezuela, etc. Constituirse, a la vez en un interlocutor válido de aquellos países que son de naturaleza revisionistas del orden internacional occidental, como Irán, pero a la vez, promocionar los principios universales que gobiernan las relaciones de paz entre las naciones mundiales. Brasil quiere aparecer como el “Roby Hood” de las naciones sin voz en el sistema internacional. Para ello construye, paso a paso a una imagen que debería llevarlo en un mediano y largo plazo, ocupar un asiento en el Consejo de Seguridad Permanente de la ONU.
Hoy, Brasil, con la firma del acuerdo militar, envía una señal poderosa a la región: legitima la presencia de los EE.UU. en Colombia, a cambio de una garantía estadounidense en cuanto a que el gigante del norte respetará los principios de “igualdad soberana de los Estados, la inviolabilidad territorial y la no intervención en los asuntos internos” de los países de la región. Brasil reconoce el papel estabilizador que desempeñan los EE.UU. frente a las relaciones de hostilidad de Chávez hacia Uribe, de Venezuela hacia Colombia. Solo la presencia de Washington en el país cafetero podría inhibir a Chávez de lanzarse en una aventura bélica con resultados impredecibles. La política exterior de Brasil y su postura de defensa han sufrido cambios radicales estos últimos cuatros años. De la autarquía diplomática, a la regionalización de la misma, para buscar dar el paso hacia una internacionalización real y efectiva. Lula está dando los pasos decisivos a fin que Brasil aparezca ante los ojos del mundo como una potencia benigna, no obstante ello, su celo por figurar puede traerle acusaciones de querer convertirse, en el plano regional sudamericano, en una potencia hegemónica.
Brasil, ni con Dios ni el Diablo... ¿o con ambos?

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