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sábado, 5 de diciembre de 2009

OEA: ¿HACIENDO UN PAPELON?

Jhon Mario González, Analista político en Washington DC
Este organismo multilateral padece de falta de liderazgo y de exceso de protagonismo de algunos de sus miembros.
La frase no es de mi cosecha. Es del Eurodiputado y observador electoral español Carlos Iturgay, al referirse al papel de la Organización de Estados Americanos, OEA, en la crisis política de Honduras.
Lo relevante de la frase esque retratade cueerpo entro el inmovilismo y la inoperancia a que ha llegado organizacióninteramericana. Y es que cuando José Miguel Insulza fue elegido Secretario Ejecutivo de la OEA, en mayo de 2005, las esperanzas de fortalecimiento político de la organización hemisférica eran creíbles. Sus cartas credenciales como exministro de Exteriores de Chile y académico, que incluso debió vivir el exilio, así lo acreditaban.


Pero hoy, y después de su papel en la crisis de Honduras, esas esperanzas no sólo se han desvanecido, sino que el organismo parece acéfalo y sin capacidad de acción política.
Antes que una organización que juega un papel proactivo en la desactivación y resolución de los conflictos políticos, es más bien una institución carente de autoridad y sin mayores instrumentos para que sus decisiones sean acatadas. Sin un liderazgo político claro, la OEA acude diligente a administrar las crisis, ya que es el último recurso que le queda para mostrar algún tipo de gestión, pero de nuevo sus resultados son magros o estériles.
Buena parte de su inacción radica en que se ha convertido en una caja de resonancia de la animadversión de varios gobiernos de la región hacia Estados Unidos, presa de la estrategia de Brasil y Venezuela por contraponerse a los intereses de Estados Unidos y con un Secretario General que en su afán de hacerse reelegir actúa sin mayor perspectiva y al vaivén de países miembros de la organización.
Si bien el golpe de Estado del 28 de junio en Honduras es condenable, más allá de eso el papel de la OEA allí ha sido errático. Tan solo firmarse el Acuerdo San José-Tegucigalpa el 30 de octubre entre los representantes del gobierno de facto de Roberto Micheletti y los partidarios de Manuel Zelaya, la OEA se apresuró a echar los globos al aire, celebró sin entrar en mayores consideraciones políticas, sin que en realidad obtuviera resultado alguno.
Incluso durante la negociación del acuerdo mismo se desdice  e ingresa a trabajar a la idea del gobierno interino sobre si correspondía a la Corte Suprema o al Congreso hondureño la restitución de Zelaya. Al final, la participación de la OEA fue vana, contando incluso con un escenario inédito de condena por parte de los países aliados de Chávez.
Pero su pobre labor no es un asunto circunstancial. La falta de directriz y determinación política también socavan sus posibilidades. El mismo Secretario José Miguel Insulza reconocía hace meses en una entrevista al periódico El País de España que él podía “nombrar siete u ocho países que no cumplen los dictados de la Carta Democrática Interamericana”, aunque al interrogársele por cuáles, agregaba, “eso no lo voy a decir”.
Es difícil imaginar que la gestión de un organismo que aboga por la democracia, los derechos humanos y la cooperación política en el continente pueda ser exitosa si su propio Secretario General elude encarar por igual la transgresión de sus miembros a los principios democráticos.
No luce muy convincente condenar el golpe en Honduras y hacer oídos sordos al golpe de Hugo Chávez contra el alcalde popularmente elegido de Caracas Antonio Ledesma en pasado abril, una ciudad que tiene un PIB mayor que el del país centroamericano.
Pero además de sus propias falencias, a la OEA también la aqueja el propósito de países como Brasil de crear su propio foro de discusión política como UNASUR, el cual, y aunque sea aún rudimentario, le quita protagonismo al organismo hemisférico.
Así las cosas, la magra gestión de la OEA no es sólo un asunto de vacío de liderazgo. Con seguridad la organización interamericana requerirá una reforma urgente que le otorgue más facultades y más autonomía respecto de las malquerencias de sus miembros. Pero mientras el Secretario José Miguel Insulza no produzca un timonazo en lo inmediato la OEA seguirá seguramente postrada y haciendo papelones.

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