PARADA MILITAR BICENTENARIO EJERCITO DE CHILE 2010

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BICENTENNIAL MILITARY ARMY OF CHILE 2010

REPORTAJES ESPECIALES E INFORMACIÓN ADICIONAL

viernes, 13 de agosto de 2010

PARTIDO COMUNISTA DE CHILE Y LAS FARC: EXPLICACIONES PENDIENTES

Incómodas para el Partido Comunista chileno han sido las revelaciones sobre el dossier enviado por la Fiscalía de Colombia con antecedentes respecto de supuestos vínculos en Chile por parte de las FARC, organización extremista a la que hoy se atribuye un nuevo atentado en Bogotá. 
Raul reyes, canciller de las FARC, junto al miembro de las Juventudes Comunistas de Chile, Manuel Olate, alias "Roque".

El documento, según ha trascendido, menciona a siete militantes PC (entre ellos, los diputados Guillermo Teillier y Lautaro Carmona) como participantes en actividades de apoyo al grupo terrorista. La mención ha generado una molesta reacción de los aludidos e incluso ayer Teillier calificó de “provocador” a un diputado oficialista (UDI) que planteó el tema en la Cámara.
La alusión al PC es, por cierto, sólo una parte de los antecedentes enviados por Colombia, los que incluyen información sobre vínculos entre las FARC y los elementos más radicales del movimiento mapuche, así como con «descolgados» de grupos subversivos chilenos. Todo ello es objeto de análisis e investigación en el Ministerio Público, pero independiente de lo que se pueda establecer judicialmente, el asunto tiene una arista política que merece atención. Y es que aunque hoy los dirigentes del PC chileno nieguen credibilidad a lo señalado en el dossier y minimicen cualquier vínculo con las FARC (“Si ellos adhieren a nuestra posición ideológica, no es culpa nuestra”, ha dicho a propósito del asunto el mismo Teillier), hace sólo dos años el mismo partido rendía insólito homenaje al fundador y máximo líder del grupo extremista.
En efecto, luego de la muerte de Manuel Marulanda, una declaración oficial de la colectividad política de izquierda lo definía como un “legendario guerrillero campesino”, que “supo mantener en alto la lucha de su pueblo”, y saludaba a su sucesor. Meses antes, ese mismo año, se había sabido la visita que dos militantes del PC chileno que hicieron al campamento de Raúl Reyes (el «canciller» de las FARC) en la frontera ecuatoriana, dos días antes de ser éste bombardeado por Colombia. También dirigentes comunistas chilenos confirmaron que en 1998 fueron anfitriones de una visita clandestina de Reyes a Chile. Además, miembros del partido comunista de Chile han ocupado posiciones destacadas en la Coordinadora Continental Bolivariana, entidad acusada de ser una suerte de brazo político de apoyo a las FARC en Latinoamérica.
Cuando se les ha cuestionado por el tema, los dirigentes comunistas chilenos han respondido de modo ambiguo, señalando que apoyan una salida política al conflicto colombiano, que no justifican los secuestros (práctica habitual del grupo terrorista) y que creen que no es el momento de la lucha armada, pero siempre evitando una condena directa al accionar de las FARC y dando explicaciones que lindan en lo anecdótico para los contactos con la organización extremista protagonizados por militantes de sus filas. Demasiado poco, en realidad, para un partido que generalmente se muestra implacable cuando se trata de condenar responsabilidades políticas de otros sectores en violaciones a los derechos humanos y que a propósito de ello intenta —y a menudo logra— imponer toda suerte de vetos, como se vio, por ejemplo, en el caso de la frustrada designación, hace unos meses, de un general (r) de Carabineros al frente de Gendarmería.
Hoy por primera vez en dos décadas el PC no sólo tiene activa representación parlamentaria, sino que también ha estrechado vínculos con la Concertación, al punto de evaluar ambos sectores nuevos pactos políticos para enfrentar unidos próximos procesos electorales. Obviamente en esta fase de plena inserción institucional, temas como el vínculo FARC constituyen un ruido desagradable para sus dirigentes, pero dada la gravedad del asunto cabe exigirles algo más que reacciones molestas y explicaciones ambiguas. Una exigencia que, por cierto, debiera ser encabezada por quienes, detentando trayectorias intachablemente democráticas, hoy evalúan ser sus socios.

1 comentario:

Alejandro Surianu dijo...

Que heavy... ojalá que el informe de la justicia colombiana pueda esclarecer los vínculos con terroristas... pero por ahora solamente están seguros de Olate.