PARADA MILITAR BICENTENARIO EJERCITO DE CHILE 2010

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BICENTENNIAL MILITARY ARMY OF CHILE 2010

REPORTAJES ESPECIALES E INFORMACIÓN ADICIONAL

domingo, 24 de octubre de 2010

EL FUTURO DE LA IZQUIERDA EN LATINOAMERICA

Joaquín Villalobos
La caída en combate del “Mono Jojoy”, líder militar de las FARC de Colombia; la pérdida de la mayoría electoral del gobierno de Chávez en Venezuela y el anuncio de que el régimen cubano despedirá 500.000 trabajadores, son hechos interconectados que marcan el principio del fin de la izquierda autoritaria latinoamericana. Paradójicamente, esto no dará ventaja a las derechas, sino a las izquierdas democráticas, ilustradas y pragmáticas, ya que las derechas dejarán de contar con los fantasmas de la izquierda autoritaria que tan útiles les han sido para crear miedo.

Paraguay, Argentina, Chile, Uruguay, Brasil, Bolivia, Ecuador, Venezuela, Guatemala, El Salvador, Panamá, República Dominicana, Nicaragua y Honduras son países en los que las izquierdas están gobernando o ya gobernaron. En México, Costa Rica, Perú y Colombia hay varias izquierdas, si asumimos al PRI, a Liberación, al Partido Liberal y al APRA como tales, podemos concluir que la totalidad del continente es o ha sido gobernado por la izquierda. Muchos ex guerrilleros y luchadores sociales son ahora alcaldes, diputados, magistrados, jefes de policía, ministros de gobierno y presidentes en los distintos países. La democracia convirtió a la izquierda en la fuerza más organizada, con mayor soporte y con más poder del continente. La única dictadura real está ahora en Cuba y es de izquierda.

Es evidente, entonces, que la violencia revolucionaria perdió sentido, aunque sin duda estuvo justificada contra las dictaduras como recurso de última instancia. La violencia espontánea puede producirse incluso bajo condiciones democráticas en cualquier parte, pero, en esas mismas condiciones, la violencia organizada se vuelve reaccionaria porque constituye una radicalización artificial que bloquea los cambios. Las FARC, luego de la muerte de su ideólogo Jacobo Arenas, entraron en un severo proceso de descomposición al dedicarse al narcotráfico, sin embargo, muchos desde la izquierda, se han resistido a reconocer esto, no aceptan que la violencia revolucionaria sea ahora reaccionaria y persisten en la visión religiosa que le asigna a ésta un rol ideológico purificador permanente. Eso explica por qué algunos desde las izquierdas no condenan a las FARC, y los conflictos de Colombia con Ecuador, Venezuela y grupos de la izquierda europea y latinoamericana. La derrota política y militar de las FARC acabará con estas ambigüedades.

Chávez ganó la elección de 1998 con el 56% de los votos, la del 2006 con el 62% y su popularidad promedio ha sido de 60%. Desde el 2009 comenzó a caer y en la reciente elección su partido obtuvo sólo el 48% de los votos. El gobierno de Chávez es estructuralmente ineficiente, porque no tiene equipos de técnicos, sino activistas políticos a los que rota o expulsa constantemente de los ministerios. Su rol como gobierno de inclusión de sectores marginales está concluyendo y ahora esos mismos sectores le demandan más eficacia y menos retórica. Chávez no tiene posibilidad de resolver antes del 2012 los problemas de inseguridad, inflación y escases en que mantiene a Venezuela y la radicalización de su “revolución” los agravará aún más. Por lo tanto, su popularidad seguirá decreciendo. Todo depende ahora de que la oposición se mantenga unida para que Chávez sea democráticamente derrotado. En la elección del 2012 podría realizar un fraude que desataría conflictos adentro y afuera de Venezuela, sin embargo, tiempo más, tiempo menos, la oposición ya está en el camino de la acumulación de fuerzas y Chávez en el contrario; la cuenta regresiva ha comenzado.

Durante décadas, el “ser o no ser” para las izquierdas ha estado determinado por la posición frente a Cuba. Activistas y presidentes aceptaron a Cuba como el Vaticano y a Fidel como el Papa. La posición beligerante de Estados Unidos contra Cuba facilitó que así fuera. Se puede pensar y actuar diferente, pero cuestionar a Fidel y al modelo cubano ha establecido la diferencia entre la “traición” y la “lealtad” al ideario de la izquierda. Esa lealtad acrítica olvida la bancarrota económica y la degradación social y moral que sufren millones de cubanos por falta de trabajo real y libertades.

En 50 años la revolución no logró desarrollar las fuerzas productivas, no hubo industrialización, la producción de azúcar cayó a niveles de hace un siglo, Cuba importa el 80% de lo que consume y no tiene como pagarlo. Desde el punto de vista marxista, el desarrollo económico es el factor determinante para el progreso. Sin eso, la educación y la salud no son sostenibles ni representan progreso, sino propaganda ideológica. Los mal pagados doctores cubanos son en realidad un aparato de activismo político internacional.

Cuba sigue siendo un país atrasado y pobre como muchos otros del continente, la diferencia es que en los otros hay libertades. Costa Rica, Uruguay y Chile superan por mucho a Cuba en el balance entre libertades, productividad y desarrollo social. La Revolución Cubana jugó un papel decisivo en modificar la política de EEUU hacia el continente, en la democratización de Latinoamérica, pero pagó un altísimo costo interno, su modelo, tal como lo reconoció Fidel, “ya no funciona”.

La situación en Cuba ha llegado al límite, las reformas no se hicieron a tiempo ni con la gradualidad requerida. Ahora, el régimen plantea despedir 500,000 trabajadores a un promedio de 83,000 por mes. Sin resistencia de sindicatos, ni protestas de los globalifóbicos, este sería el “ajuste estructural” más brutal del continente. Ni Pinochet, ni Fujimori, ni Menem hicieron algo semejante. El supuesto de esos despidos es crear un sector privado, pero eso es imposible con consumidores empobrecidos, sin una economía productiva funcionando, sin crédito, sin productos, sin haber liberado a plenitud el derecho a enriquecerse como lo hicieron los chinos y queriendo cobrar elevados impuestos. El efecto de la medida no será por lo tanto un milagro económico, sino una gran tragedia humana y un peligroso conflicto social en el que se combinarán los descontentos de quienes quedarán en la miseria con los de quienes comenzarán a volverse pequeños ricos.

Con la derrota de las FARC muere el último remanente importante que sostenía a la violencia como instrumento de cambio, con la derrota de Chávez moriría el soporte material que ha permitido prolongar la vida de la dictadura cubana, y con el fin del régimen cubano moriría el símbolo que ha dado cohesión al extremismo de izquierda en el continente. El fin de esta trinidad reducirá el espacio a los tres ejes de la estrategia de la izquierda autoritaria: el victimismo profesional como discurso para ganar adeptos; la retórica y la lamentación como análisis político; y el revanchismo, la intolerancia y la división de la sociedad como programas de gobierno. La etapa contestataria de la lucha de la izquierda latinoamericana está concluyendo, seguro persistirá bajo formas marginales y en grupos de presión, pero nadie podrá ni relevarle ni reconstruirle sus referentes de poder. La izquierda democrática tiene que asumir el reto de hacer valer la justicia, la solidaridad, la equidad y el desarrollo en un mundo globalizado, sólo que tendrá el camino más libre para una lucha que ahora es más un reto intelectual que un desafío heroico.